Los peques, ¿deben dormir con luz o sin luz?

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Los peques, ¿deben dormir con luz o sin luz?

Muchos padres presuponen que, desde el nacimiento, los bebés sienten miedo en la oscuridad, por eso colocan alguna luz tenue en el cuarto donde duermen.

Esta dependencia la creamos  y fomentamos los adultos desde el principio y, no sólo es innecesaria, también es perjudicial física y emocionalmente para el pequeño. Si desde que el bebé nace, le acuestan con la luz encendida, se acostumbrará a dormir así y llorará si al despertar está apagada.

En su adaptación al mundo, el recién nacido pasa por un proceso de maduración y aprendizaje para el sueño. El bebé desconoce la diferencia entre el día y la noche, por eso, es imposible pretender que siga las pautas de sueño de los adultos. Cuando el bebé se duerme, entra en una fase de sueño ligero durante la cual un ruido fuerte o un cambio de postura le despiertan y, aproximadamente 20 minutos después, cae en un sueño profundo del que no despertará con tanta facilidad. Al final del primer mes, el sueño nocturno se prolonga y duerme menos por el día, su reloj biológico se empieza a adaptar a la luz y a la oscuridad.

Es aconsejable que se acostumbre a dormir sin luz desde los primeros días, sobre todo por la noche. Con la oscuridad, el organismo segrega melatonina, hormona que ayuda a regular el ritmo de vigilia y sueño. Esta hormona es necesaria para que el bebé consiga un sueño reparador. Cuánto mayor es la luminosidad del cuarto, menor es la producción de melatonina y mayor la posibilidad de que el pequeño sufra alteraciones del sueño.

Por otra parte, un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania y en el Hospital Infantil de Filadelfia, con un grupo de 480 niños, ofrece resultados contundentes que asocian el hábito de dormir con luz los dos primeros años de vida con problemas visuales como la miopía.

Dentro del grupo estudiado, el 34% de los niños que durmieron con luz tenue hasta los dos años sufrieron miopía en la edad adolescente, aumentando el porcentaje hasta el 55% cuando la luz del cuarto era más fuerte. Sin embargo, en aquellos casos en que los niños durmieron a oscuras, la miopía se detectó sólo en un 10%.

Si bien es cierto que el origen de la miopía es principalmente genético, los expertos consideran que la luz puede ser un factor potencial porque el ojo tiene su mayor desarrollo durante los tres primeros años de vida y, cuando durante este período los ojos están expuestos a un grado alto de luminosidad de forma continuada, puede afectarles en el crecimiento excesivo de la cavidad vítrea,  este problema supone que las imágenes se forman delante de la retina. En muchos casos, este problema de refracción no se detecta hasta los 12 ó 14 años, porque el ojo no alcanza su tamaño adulto hasta esta edad.

La dependencia de luz al dormir, como cualquier otra dependencia, impide la correcta evolución del niño en aspectos emocionales como pueden ser la autonomía, la autoestima y la seguridad en sí mismo.

¿Qué pueden hacer los padres para acostumbrar a su hijo a dormir de forma adecuada?

  • Acostumbrar al bebé a dormir a oscuras y en silencio por la noche.
  • Durante el día puede dormir con algo de luz natural y con los sonidos habituales de la casa. De este modo irá aprendiendo a distinguir el sueño nocturno del diurno porque su sistema nervioso percibirá la diferencia entre el día y la noche.
  • Si  el niño ya está acostumbrado a dormir con luz hay que reeducar sus hábitos de sueño durante la noche, excepto en casos de niños con miedos patológicos a diversas situaciones o circunstancias. El padre y la madre deben ponerse de acuerdo en la estrategia a seguir y, por supuesto, ser firmes al llevarla a la práctica.
  • En el caso de que la luz con la que duerme sea fuerte, se puede ir disminuyendo la intensidad, poco a poco, hasta dejar un piloto pequeño que apenas ilumine.
  • En la educación de los pequeños nada es fácil. Los padres deben tratar de hacerle entender que ellos también duermen a oscuras y no pasa nada, que durante la noche se duerme con la luz apagada; le comunican su decisión de apagar la luz y no se dejan convencer cuando el niño pide que la enciendan. Pueden acompañarle durante un rato hasta que se tranquilice si es necesario, ir separándose progresivamente de su lado o dejar la luz de un cuarto cercano encendida.
  • Es muy importante alabar y reforzar los pequeños avances diciendo al niño que duerme como los mayores porque es muy grande.
  • Hay que ser comprensivos. En las primeras ocasiones, quedarse dormido sin luz puede producir al niño algo de ansiedad. El cariño y la paciencia de los padres le ayudan a recuperar la seguridad. El esfuerzo de unos días merece la pena por alcanzar una mayor independencia y garantizar la salud del pequeño.

Este artículo podéis leer en la web de WAECE (Asociación Mundial de Educadores Infantiles).

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